Por Carolina Delgado
El Día de la Guadalupe celebra el Día de la Virgen con más fieles y el templo más visitado del mundo. No en vano, el 12 de diciembre, Día de la Morenita del Tepeyac, es la fiesta católica más importante de México.
Más allá del significado religioso de la Virgen morena, es innegable la importancia cultural de la Virgen y de su fiesta para creyentes y no creyentes. Es difícil pensar en México sin pensar en la Virgen de Guadalupe y viceversa. Atreverme a visitar la Basílica un 12 de diciembre me enseñó que estaba totalmente equivocada, no es una fiesta religiosa, es una explosión de realismo mágico que se expresa en millones: millones de personas, millones de colores, millones de danzas, millones de canciones, millones de aromas. Es una fiesta colosal y mágica como nunca antes había tenido el placer de presenciar.
Sí soy creyente de la virgen, pero quizás tú que lees esto no eres ni siquiera católico. Y estoy segura de que incluso siendo ateo, ésta en una fiesta que mueve inclusive a los espíritus más inconmovibles.
Hasta ese día no tenía idea de que la esperanza y la alegría se pueden tocar, podían sentirse tan fuertes hasta ser sólidas. Los aromas embriagan y crean una atmósfera única y surrealista, como es México. No me alcanza los ojos para ver tanto espectáculo: de un lado hay gente ataviada con lujosos trajes prehispánicos bailando al son de las caracolas; más allá hay bailes de banda, trapecistas, turistas y curiosos y un poquito a la izquierda hay gente arrodillada antes inmensos estandartes con la imagen de la Virgen… Las palabras son insuficientes para expresar tanta luz y tanto color.
La gente come en las esquinas, en donde puede, y descansan sobre sus cajas o pequeño equipaje. Otros hacen fila ante los muchos vecinos que sacan sus enormes ollas de tamales para compartir con los peregrinos. Nadie parece cansado. Quizás todos están embriagados de esta inmensa celebración, quizás tantos corazones hinchados no permiten que el cansancio los fuerce a detener los cantos, ni los bailes, ni la fe. Esto es mucho más que una festividad religiosa, es la festividad de un pueblo ancestral que se hunde en los sahumerios de copal, siempre llenos de esperanza por cosas mejores y siempre llenos de agradecimiento por lo que ya fue.
Esas danzas y ese espíritu se quedaron grabado en el fondo de mi corazón. Ojalá mis palabras y las fotos, me ayuden a expresar.
